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        mineria europea

        Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1116: materias primas fundamentales, trazabilidad material y nuevo papel del sector de gestión de residuos

        Introducción

        El Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1116, de 26 de mayo de 2026, ya está en vigor y merece mucha más atención de la que, hasta ahora, está recibiendo en el sector de los residuos.

        Su extensión es breve y su apariencia es técnica. Sin embargo, sus efectos prácticos pueden ser muy relevantes para productores, sistemas de responsabilidad ampliada del productor, SCRAP, gestores de residuos, recicladores, operadores industriales y administraciones públicas.

        A raíz del tercer encuentro celebrado en Arthursen con expertos de SCRAP y gestores de residuos, la conclusión principal es clara: la Unión Europea ha empezado a ordenar jurídicamente una nueva forma de mirar determinados residuos. Ya no se trata solo de evitar impactos ambientales o acreditar toneladas gestionadas. Se trata de identificar, trazar y recuperar materias primas fundamentales para la autonomía industrial europea.

        Del residuo como problema al residuo como recurso estratégico

        Durante décadas, la política europea de residuos se ha construido principalmente sobre una lógica ambiental: prevenir impactos, ordenar la recogida, asegurar el tratamiento adecuado y aplicar el principio de que quien contamina paga.

        Con el desarrollo de la economía circular, esa visión evolucionó hacia la reutilización, el reciclado y la valorización. Pero el contexto geopolítico actual ha añadido una capa nueva: la seguridad de suministro.

        Europa necesita litio, cobalto, níquel, grafito, tierras raras, cobre, aluminio, magnesio y otros materiales esenciales para baterías, vehículos eléctricos, aerogeneradores, paneles solares, equipos electrónicos, defensa, telecomunicaciones e infraestructuras energéticas. Buena parte de esos materiales se importan de terceros países y, en algunos casos, dependen de cadenas de suministro concentradas o vulnerables.

        La consecuencia es evidente: los residuos que contienen estas materias primas dejan de ser vistos únicamente como una obligación de gestión ambiental y empiezan a ser considerados depósitos estratégicos. En otras palabras, Europa está empezando a regular una nueva minería: la minería urbana y material que ya existe dentro de sus propias fronteras.

        Qué hace realmente el Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1116

        El Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1116 desarrolla el Reglamento (UE) 2024/1252, conocido como Critical Raw Materials Act, y especifica una lista de productos, componentes y flujos de residuos que se consideran con potencial adecuado de valorización de materias primas fundamentales.

        La norma no crea por sí sola un régimen completo de obligaciones operativas para cada flujo, ni sustituye la normativa sectorial de residuos. Su importancia está en otra parte: fija una referencia común para que los Estados miembros adopten medidas nacionales dirigidas a aumentar la circularidad de las materias primas fundamentales.

         

        El anexo identifica, entre otros, baterías, aparatos eléctricos y electrónicos, imanes permanentes, placas de circuito impreso, células y marcos fotovoltaicos, turbinas eólicas, vehículos de motor, medios de transporte ligeros, infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones, bombas industriales, catalizadores industriales, digestato y compost procedentes de biorresiduos, lodos, cenizas y residuos de construcción y demolición.

        La lista no es una mera enumeración técnica. Es una señal regulatoria: esos residuos y componentes pasan a estar en el radar de la política industrial europea.

        El cambio de paradigma: de la trazabilidad del residuo a la trazabilidad del material

        Hasta ahora, la trazabilidad en materia de residuos se ha centrado principalmente en conocer el origen, el poseedor, el transportista, el destino y el tratamiento del residuo. Esa información seguirá siendo imprescindible, pero ya no será suficiente.

        El nuevo paradigma exige preguntarse algo más: qué materiales contiene el residuo, qué materias primas fundamentales pueden recuperarse, en qué cantidad, con qué calidad, mediante qué proceso y con qué grado de evidencia técnica.

        Esto cambia la conversación. La trazabilidad deja de ser solo una herramienta de control ambiental y pasa a convertirse en una herramienta de política industrial, de seguridad de suministro y de competitividad europea.

        El valor ya no estará únicamente en acreditar que un residuo ha sido gestionado correctamente. Estará también en demostrar qué recurso contiene, qué pérdida material se evita y qué materia prima secundaria puede reincorporarse a la economía.

        Consecuencias para productores, RAP y SCRAP

        Los sistemas de responsabilidad ampliada del productor y los SCRAP se encuentran entre los actores que deberían anticipar antes este cambio.

        En muchos modelos actuales, el cumplimiento se mide todavía de forma agregada: cantidades puestas en el mercado, cantidades recogidas, porcentajes de reciclado, objetivos de tratamiento y reportes periódicos. El Reglamento 2026/1116 apunta hacia una evolución distinta: una gestión cada vez más basada en datos materiales concretos.

        Esto puede exigir sistemas de información más sofisticados, caracterización de flujos, mejor calidad de datos, trazabilidad por componentes, coordinación con plantas de tratamiento, criterios de desmontaje y clasificación más precisos, y contratos capaces de reflejar no solo obligaciones de gestión, sino también objetivos de recuperación material.

        Para los SCRAP, el reto no será únicamente cumplir con objetivos de recogida o tratamiento. Será poder explicar qué materiales estratégicos existen en sus flujos, dónde se pierden, qué barreras técnicas o económicas impiden su recuperación y qué medidas pueden adoptarse para capturar ese valor.

        Consecuencias para gestores y recicladores

        Para los gestores de residuos y recicladores, la norma abre una oportunidad relevante. Determinados residuos van a adquirir un valor estratégico mayor, especialmente cuando exista capacidad técnica para separar, pretratar, concentrar o recuperar materiales críticos.

         

        La ventaja competitiva se desplazará hacia operadores capaces de combinar conocimiento regulatorio, capacidad industrial y trazabilidad tecnológica. Ya no bastará con gestionar el residuo; será necesario identificar el recurso y acreditar su recuperación.

        Esto puede favorecer inversiones en caracterización, desmontaje, separación avanzada, trazabilidad digital, certificación de procesos, control de calidad de materiales secundarios y colaboración con fabricantes que necesiten cerrar sus propios ciclos de suministro.

        La pregunta clave para el sector será cada vez menos “qué residuo gestiono” y cada vez más “qué materia prima puedo recuperar, con qué garantías y para qué cadena de valor”.

        El papel del Pasaporte Digital de Producto

        Este cambio no puede analizarse de forma aislada. El Reglamento 2026/1116 debe leerse junto con otras piezas regulatorias europeas, especialmente el Reglamento (UE) 2024/1781 sobre diseño ecológico de productos sostenibles, que introduce el Pasaporte Digital de Producto.

        La combinación de ambas normas apunta hacia un modelo en el que el producto y el residuo quedan conectados por datos. En el futuro, será cada vez más importante conocer qué contiene un producto, cómo puede repararse, desmontarse o reutilizarse, y qué materias primas fundamentales podrán recuperarse al final de su vida útil.

        Si el Pasaporte Digital de Producto permite documentar la composición y circularidad de los productos, el Reglamento 2026/1116 señala qué flujos deben ser prioritarios para recuperar materiales estratégicos. Juntos, dibujan una arquitectura regulatoria en la que el dato será tan importante como el propio residuo.

        Una oportunidad industrial, pero también jurídica

        El Reglamento 2026/1116 no debe interpretarse como una norma aislada ni como una simple lista de residuos interesantes. Su verdadero alcance está en anticipar hacia dónde se moverán las políticas nacionales, los sistemas de información, las exigencias de trazabilidad y los criterios de recuperación de materias primas fundamentales.

        También puede reabrir debates jurídicos relevantes: clasificación de flujos, subproductos, fin de la condición de residuo, titularidad del valor material, reparto de costes e ingresos, obligaciones de información, confidencialidad de datos industriales y responsabilidad de los distintos operadores en la cadena.

        No todo residuo con materias primas fundamentales dejará de ser residuo, ni la norma altera automáticamente las categorías jurídicas existentes. Pero sí introduce una nueva lógica: determinados residuos empiezan a ser tratados como activos estratégicos y, por tanto, exigirán una aproximación jurídica, técnica y contractual más sofisticada.

        Conclusión

        El Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1116 es mucho más que una disposición técnica de desarrollo del Critical Raw Materials Act. Es una de las primeras piezas normativas que convierte la recuperación de materias primas fundamentales desde residuos en un objetivo práctico de política industrial europea.

        La economía circular deja de ser únicamente una política ambiental para convertirse también en una política de autonomía estratégica. Y, en ese escenario, los residuos pasan a ocupar una posición central.

        Productores, SCRAP, gestores de residuos, recicladores y administraciones públicas deberían empezar a prepararse para un modelo en el que la trazabilidad material, la calidad del dato y la capacidad real de valorización serán determinantes.

        La nueva minería europea no empieza necesariamente bajo tierra. En muchos casos, empieza en baterías usadas, aparatos eléctricos y electrónicos, vehículos fuera de uso, lodos, cenizas, paneles fotovoltaicos, infraestructuras energéticas, cables y residuos de construcción.

        Quien sea capaz de identificar, documentar y recuperar ese valor estará mejor situado para competir en la próxima década de la economía circular europea.

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